Somos nuestros libros y todas las manos que los hacen posibles.
O como diría nuestro amigo Óscar, somos…

Somos nuestros libros
y todas las manos que los hacen posibles.
O como diría nuestro amigo Óscar, somos…

¿Por qué dar vida a una nueva editorial? ¿Qué insondables movimientos podrían llevar a dos sujetos más bien jóvenes (Meri y Albert), alejados de este ámbito de actividad, a iniciar semejante proyecto y dotarlo de tal consistencia que no puede sino llegar a buen puerto? Sin duda, el deseo de compartir libros y lecturas, la pasión por descubrir expresiones de un pensamiento revitalizante, esclarecedor, turbador, de un pensamiento que sabe hablar del mundo en su historia y su actualidad, radicalmente, que se despliega en el campo de la filosofía, la literatura, la poesía, el arte… Pero prestando siempre una atención particular a los autores marginales, o no suficientemente reconocidos. Sumándose a ello otro objetivo, por placer y necesidad: permitir la convivencia de los textos originales y sus traducciones en las principales lenguas del entorno incorporeano, es decir, sobre todo el castellano, el francés y el catalán.

¡Abandonemos el diván, el desvío que nos ha llevado hasta los orígenes! Incorpore vio la luz en el 2013, creció con el amor de su “padre y su madre” y se ha ido convirtiendo en un edificio donde cada piedra ha ido encontrando su lugar, lo que no ha supuesto sin embargo el fin de la edificación. Incorpore es y seguirá siendo un proyecto en construcción.

¿Pero con qué criterios, con qué andamios se ha construido y sigue construyéndose Incorpore? A modo de prefacio a Penser / Classer (Fayard, 1982), en la «Nota sobre lo que busco», Georges Perec se hace una pregunta que puede considerarse originaria, si no fundamental, sobre la naturaleza de la aventura de escribir: «Si intento definir lo que he intentado hacer desde que empecé a escribir, lo primero que me viene a la mente es que nunca he escrito dos libros parecidos, que jamás tuve deseos de repetir en un libro una fórmula, un sistema o una manera ya elaborados en un libro anterior». Y esto es justamente lo que quiere reivindicar también Incorpore. Que cada uno de los libros editados sea vivido como una «colección», que cada obra publicada permita abrir nuevas vías de exploración en el pensamiento del mundo: una nueva ventana para una nueva mirada, retenida por la pertinencia de sus expresiones.

Pero el edificio no es el ladrillo. ¿La reunión de estas «colecciones» aporta coherencia a una totalidad que, en cierto modo, no deja de buscarse a sí misma? Llamemos a esta totalidad: el mundo según Incorpore, visto a través del libro. «Tengo la confusa sensación de que los libros que escribí se inscriben, cobran sentido en una imagen global que me hago de la literatura». Así concluye Georges Perec su «Nota». Tal es el deseo de Incorpore, pero en el ámbito más modesto de la edición: conseguir que cada uno de los títulos propuestos contribuya a forjar una imagen global en movimiento, fiel a sus orígenes y motivaciones profundas, capaz de abrevarse en la diversidad que la reconforta y la enriquece. Incorpore como construcción de una cierta mirada en forma de conjunto de libros, sobre la vida, sobre el mundo, Incorpore como voz singular que no para de buscarse a sí misma a través de la elección de voces singulares.

Pero volvamos al ladrillo. Cómo nació. Este componente básico fundamental contiene la cadena de intervenciones de todos aquellos que la han hecho posible. Un libro nace cuando se ha alcanzado el último eslabón de dicha cadena: primero uno o varios autores, uno o varios traductores, ilustradores, correctores, relectores, y por último el impresor. Un libro nuevo (hermoso, por supuesto) es, pues, engendrado por múltiples genitores que tienen como mínimo un punto en común: Incorpore ha acudido a ellos porque confía en ellos, porque esta forma de comunidad es lo más precioso, pues es también una forma de compartir espacios y tiempos más allá de las limitaciones económicas. Y luego, cuando el libro llega al mundo, los libreros, los distribuidores y por fin los lectores se suman naturalmente a dicha comunidad. Es importante subrayar este aspecto: el surgimiento de esta comunidad que no existe más que por medio de Incorpore ocupa un lugar central en su proyecto.

Parafraseando una expresión barcelonesa muy famosa, «Incorpore es más que una editorial». Es un placer compartido.

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