Lee un fragmento

Colección babil, 2020

ISBN: 978-84-120147-5-4

Tamaño: 155 x 148 mm

Lengua: castellano

Portada: Nicholas F. Callaway

Páginas: 111

La silva

La silva es un libro reflexivo, íntimo y a la vez abierto al mundo. La voz de Teresa Soto, la serenidad de su mirada se acerca al mundo desde la tradición del pasado reflejándola en la actualidad, desplegándola en cuatro partes que parecen darse la mano: yo invento, amor escribe, tiempo lima, caballos morados. Y una parte adicional que parece haberse colado en el libro a modo de guiño: El ciervo de oro y la araña. Títulos todos ellos, o más bien pistas, que hilvanan la sarta de poemas.

yo invento nos deja entrever que algo empieza, que quizás esconde el conocimiento de algo que prefiere no decir porque no hace falta. “Tengo suerte de no ignorar / que no puedo comer piedras”. La mordacidad de su lenguaje contrasta con el lenguaje suave de las otras tres partes, amor escribe, tiempo lima y caballos morados. Se hace la luz en ellas, se hace el amor. Se descubre y se comparte la maternidad con sus cuitas y cuidados. Se descubren los amantes, amor activo, incondicional sin necesidad de correspondencia. Una decisión: “Que esto nos haga reír / Que no nos haga llorar”.

El libro se cierra con un camino de palabras que se expande entre las páginas: El ciervo de oro y la araña. Palabras depuradas hasta tal punto que parecen imponerse la tarea de ser palabras de verdad (verdad de artificio también). Cada poema, cada página, un ejercicio de alquimia poética, de solución de contrarios, un juego que nos invita a salir del libro con cierto aroma de adivinanza. Adivina, adivinanza: ¿qué dice este verso que también es un poema?

La silva es un lugar donde finalmente se puede ser, una nueva familia. Un jardín elaborado con el paso de los días y las cosas, un jardín que protege, precisamente, porque no huye de las verdades.

Cuando finalizo la lectura, el ciervo de oro con astas de rama de la portada revela su propósito: ser el blasón de la casa nueva, de la nueva familia (pero blasón heterodoxo tal como se quiere en el poema En hebras). Gesto fundacional lo mismo que el título, La silva, en este caso en alusión al árbol genealógico que, tal como indica la voz de Zarzamora, decide ser arbusto salvaje, árbol genealógico sin genealogía.

Miriam Sánchez Moreiras

Hay algo como de antiguo y a la vez muy contemporáneo. Algo también contenido, reflexivo, íntimo como de costumbre, pero a la vez ligeramente más abierto al mundo. Y eso, sin duda, es sumamente interesante. La silva es un libro diferente, que aporta, que se disfruta. Un pasito más en el camino sólido de los otros libros escritos por Teresa Soto.

Laura Casielles

La silva

La silva es un libro reflexivo, íntimo y a la vez abierto al mundo. La voz de Teresa Soto, la serenidad de su mirada se acerca al mundo desde la tradición del pasado reflejándola en la actualidad, desplegándola en cuatro partes que parecen darse la mano: yo invento, amor escribe, tiempo lima, caballos morados. Y una parte adicional que parece haberse colado en el libro a modo de guiño: El ciervo de oro y la araña. Títulos todos ellos, o más bien pistas, que hilvanan la sarta de poemas.

yo invento nos deja entrever que algo empieza, que quizás esconde el conocimiento de algo que prefiere no decir porque no hace falta. “Tengo suerte de no ignorar / que no puedo comer piedras”. La mordacidad de su lenguaje contrasta con el lenguaje suave de las otras tres partes, amor escribe, tiempo lima y caballos morados. Se hace la luz en ellas, se hace el amor. Se descubre y se comparte la maternidad con sus cuitas y cuidados. Se descubren los amantes, amor activo, incondicional sin necesidad de correspondencia. Una decisión: “Que esto nos haga reír / Que no nos haga llorar”.

El libro se cierra con un camino de palabras que se expande entre las páginas: El ciervo de oro y la araña. Palabras depuradas hasta tal punto que parecen imponerse la tarea de ser palabras de verdad (verdad de artificio también). Cada poema, cada página, un ejercicio de alquimia poética, de solución de contrarios, un juego que nos invita a salir del libro con cierto aroma de adivinanza. Adivina, adivinanza: ¿qué dice este verso que también es un poema?

La silva es un lugar donde finalmente se puede ser, una nueva familia. Un jardín elaborado con el paso de los días y las cosas, un jardín que protege, precisamente, porque no huye de las verdades.

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Cuando finalizo la lectura, el ciervo de oro con astas de rama de la portada revela su propósito: ser el blasón de la casa nueva, de la nueva familia (pero blasón heterodoxo tal como se quiere en el poema En hebras). Gesto fundacional lo mismo que el título, La silva, en este caso en alusión al árbol genealógico que, tal como indica la voz de Zarzamora, decide ser arbusto salvaje, árbol genealógico sin genealogía.

Miriam Sánchez Moreiras

Hay algo como de antiguo y a la vez muy contemporáneo. Algo también contenido, reflexivo, íntimo como de costumbre, pero a la vez ligeramente más abierto al mundo. Y eso, sin duda, es sumamente interesante. La silva es un libro diferente, que aporta, que se disfruta. Un pasito más en el camino sólido de los otros libros escritos por Teresa Soto.

Laura Casielles

Colección babil, 2020

ISBN: 978-84-120147-5-4

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